Brillante Intensidad

Hacía tiempo que estaba liderando junto a un grupo de científicos la invención de un nuevo equipamiento, capaz de digitalizar imágenes del interior de un cuerpo, pero con una potencia de amplitud nunca antes imaginada.

Pedro no era una persona de emocionarse fácil, más bien podía ser catalogado de frío y poco demostrativo. Casi no hablaba, pero todos coincidían en que era una buena persona.

El equipo se encontraba en fase probatoria, pero en la recta final. Sería sin duda una revolución para la medicina mundial, no solo por las excelentes imágenes -y consecuentemente por los acertados diagnósticos que arrojaría- sino porque tendría la capacidad de generar intervenciones, con y sin cirugía, por medio de distintos sistemas de rayos.

Pedro era ingeniero en informática y biotecnología, y su función en el proyecto consistía en coordinar la faceta electrónica y de procesamiento de datos, con las demás áreas intervinientes. Era adicto al trabajo, solía pasar horas frente a la computadora hasta incluso llegar a quedarse dormido encima de ella.

Siempre se quedaba después de hora, y esta vez no fue la excepción. Debía terminar de correr unos procesos y ansiaba ver los resultados. Para esto, necesitaba que alguien hiciera de paciente y que se acostase durante unos cuantos minutos en el equipo, mientras él realizaba las pruebas.

Lo convenció a Roberto que era siempre el último en irse. Era un hombre mayor a punto de jubilarse, y que trabajaba en la limpieza del lugar. “Tomará solo unos minutos”, le dijo Pedro, y lo acomodó sobre aquella camilla que parecía ser de otro planeta.

En las imágenes del cuerpo de Roberto, Pedro divisó algo distinto, algo que nunca antes había visto en un ser humano. Parecía un órgano inconexo, brillante, como de gel o silicona. Por sus características, no había podido ser detectado con otro tipo de equipos.

Comenzó a observarlo todos los días, teniendo incluso que llegar a sobornarlo, para que accediera a ser examinado una y otra vez; ya no sabía que ofrecerle para que se acostara en aquel tubo metálico: dinero, comida, hasta entradas para ver a su equipo favorito.

Encontró patrones de comportamiento entre el estado de ánimo y la intensidad del brillo del nuevo órgano.

Una noche logró, también con la ayuda de Roberto, obtener imágenes y secuencias de video de aquel órgano brillante. A diferencia del de Roberto, el de Pedro era mucho más apagado. No brillaba con la misma intensidad.

No lograba dar con la función que cumplía aquella cosa dentro del cuerpo. Su tamaño era siempre igual, al milímetro, tanto el suyo como el de Roberto tenían las mismas medidas. Solo el brillo difería, y siempre según los estados de ánimo.

Pedro sabía que había encontrado algo muy valioso, pero no podía darle nombre. Entre tantas pruebas logró aislarlo y sacarlo del cuerpo. A la vez que comprobaba la gran capacidad del nuevo aparato, sabía que tenía entre manos un gran hallazgo. Decidió extraer el órgano de Roberto por unos días, para poder analizarlo. Era algo muy simple, de un material extraño, extremadamente liviano, casi sin peso; quedando por momentos, incluso, suspendido en el aire. Al estar en contacto con el oxígeno había perdido todo el brillo, ahora era una esfera opaca y traslucida.

Durante los días subsiguientes, Roberto cambió el semblante por completo, dejó de ser el hombre chistoso y de buen humor de antes. Parecía inerte. Solo llegaba, limpiaba sin decir casi palabras y luego se iba. Pedro enseguida notó el cambio, estaba seguro que era producto de la intervención. Volvió a colocarle la esfera, la capacidad del equipo lo asombraba cada vez más, pero no tanto como el funcionamiento de su descubrimiento. 

Los días siguientes Roberto volvió más alegre que nunca, parecía incluso rejuvenecido y con una fortaleza inusual en una persona de su edad.

Entonces Pedro no lo dudo, el siguiente paso sería intercambiar su esfera por la de Roberto. Su voracidad se potenció a niveles increíbles, el descubrimiento había enterrado por completo sus límites, hasta incluso su ética.

Deja un comentario